Introducción
El abordaje del dolor crónico sigue siendo uno de los mayores desafíos clínicos a nivel global. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés) ha subrayado repetidamente la necesidad de una atención integral y centrada en la persona, que contemple tanto factores físicos como psicológicos y sociales (1). Esta perspectiva ha dado paso a un reconocimiento creciente del papel de la Psicología en el tratamiento del dolor, especialmente en el contexto de la cronicidad, donde la experiencia dolorosa se convierte en una enfermedad en sí misma, con importantes repercusiones funcionales, emocionales y sociales (2)
En este marco, el Grupo de Trabajo de Psicología de la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (SEMDOR) ha promovido espacios formativos específicos para los profesionales del ámbito psicológico que intervienen en dolor. Tras la celebración de las I Jornadas de Psicología y Dolor en 2023 (3), que marcaron un hito en la puesta en común de enfoques teóricos y terapéuticos, se han celebrado las II Jornadas de Psicología y Dolor: de la Teoría a la Práctica, continuando con un enfoque orientado a la intervención y al desarrollo de competencias aplicadas.
La programación incluyó talleres prácticos, donde se abordaron temas como el impacto del dolor en la discapacidad, la evaluación psicológica en contextos de alta presión asistencial, la comorbilidad con trastornos de salud mental, el uso clínico de estados modificados de consciencia, el papel del ejercicio terapéutico, la gestión del malestar emocional, la comunicación del dolor en contextos familiares o la sensibilización central explicada al paciente; así como la supervisión de casos clínicos reales que permitió aplicar los contenidos a situaciones complejas de la práctica profesional, tales como el dolor asociado al ejercicio físico, a las relaciones sexuales, al género, al dolor regional complejo y a dinámicas de pareja o familia.
El presente artículo recoge las principales aportaciones y contenidos de este encuentro, reflejando el compromiso del grupo de trabajo de SEMDOR con la promoción de una Psicología del dolor rigurosa, actualizada y orientada a la práctica profesional, en línea con los avances científicos y las necesidades reales de los pacientes.
Abordaje del dolor persistente: herramientas para enriquecer el arsenal terapéutico desde la psicología
Evaluación clínica del dolor en contextos de alta presión asistencial
(Rubén Nieto Luna)
El dolor es una experiencia subjetiva que requiere una evaluación exhaustiva para comprender la perspectiva de la persona, planificar una intervención adecuada y seguir su evolución (4). Sin embargo, en muchos contextos asistenciales se dispone de poco tiempo para ello. Por eso, al planificar la evaluación, debemos adaptarnos al contexto, articulando el proceso mediante la entrevista clínica según nuestros objetivos terapéuticos.
Las medidas aportan información relevante para objetivar dimensiones concretas del dolor. No obstante, si queremos conocer la experiencia completa, debemos priorizar el análisis de la narrativa de la persona y de sus conductas de dolor (5). A partir de ahí, se pueden diseñar nuevas sesiones para cuantificar variables relevantes.
Es fundamental adoptar una visión amplia y considerar distintas dimensiones relacionadas con el dolor. Las guías recomiendan evaluar: la intensidad, la localización y las cualidades del dolor; el funcionamiento físico y emocional; la mejoría percibida; las reacciones adversas y la actitud del paciente (6,7). Contamos con instrumentos de autoinforme validados para estas dimensiones, sin olvidar la utilidad de explorar las variables relacionadas con el curso del dolor (8).
Recomendaciones al profesional sanitario
Adaptar la evaluación al contexto clínico, priorizando la entrevista y la narrativa del paciente. Utilizar medidas validadas cuando sea posible y considerar dimensiones más allá del dolor físico, como el estado emocional y la actitud.
Recomendaciones a personas con dolor crónico
Compartir abiertamente cómo viven su dolor, tanto en lo físico como en lo emocional. Su experiencia subjetiva es clave para una evaluación adecuada y para diseñar un tratamiento eficaz y personalizado.
Cuando el dolor paraliza: abordaje funcional de la discapacidad asociada
(Milena Gobbo Montoya)
Se puede considerar el dolor crónico discapacitante cuando el dolor genera disfunción física, limitaciones en la actividad diaria y restricciones en la participación social (9,10). Desde esta perspectiva, la cronicidad debe entenderse como un proceso que abarca no solo factores médicos, sino también psicológicos y sociales (11) (Figura 1).
Recomendaciones para el profesional sanitario
Trabajar las creencias erróneas limitantes acerca de lo que se puede o no hacer con dolor crónico (12).
Dotar a los pacientes de recursos útiles para mantenerse activos, fomentando la actividad física y la funcionalidad (13).
Desarrollar estrategias que fomenten la aceptación del dolor y la motivación para establecer objetivos en la “nueva realidad” (14).
Apoyar la reestructuración del entorno mediante terapia ocupacional, ayudas técnicas y la promoción de la actividad física con el apoyo de fisioterapeutas (15).
Evaluar y tratar la depresión y otras reacciones emocionales negativas que favorecen la inactividad, así como fortalecer la autoestima para prevenir la cronificación de la discapacidad (16).
Recomendaciones para la persona con dolor
Recordar que “crónico” no significa “incurable” y que, con un manejo adecuado (medicación, ejercicio, dieta, reducción de estrés, etc.), es posible alcanzar un estado de bienestar significativo (Figura 2).
Dolor crónico y salud mental: manejo de la comorbilidad
(Francisco Javier Cano García)
El abordaje psicológico del dolor es el mismo, independientemente de si este se produce por daño corporal (nociceptivo), daño en el sistema nervioso (neuropático) o sin daño evidente (nociplástico) (17). Estudios con seguimiento de 10 años han demostrado que, cuando una persona sufre dolor crónico, sus probabilidades de desarrollar un problema de salud mental se multiplican por 2, o incluso por 5 en enfermedades como la fibromialgia (18). Lo mismo ocurre a la inversa: los problemas de salud mental aumentan la probabilidad de aparición de dolor crónico (19). Los trastornos más frecuentes en estos casos son la somatización, la ansiedad, la depresión y los trastornos por sustancias, así como trastornos del sueño y de estrés postraumático (20) (Figura 3).
Recomendaciones para el profesional sanitario
Mantener una vigilancia activa sobre el ajuste psicológico del paciente y la posible aparición de sintomatología emocional. Esta valoración debe realizarse desde un enfoque clínico diferencial.
Si se detecta la necesidad de intervención psicológica, pueden considerarse enfoques transdiagnósticos, especialmente indicados para casos con somatización y/o trastornos afectivos como ansiedad o depresión (21).
Recomendaciones para personas con dolor crónico
Comunicar cualquier cambio emocional significativo al personal sanitario; aunque convivir con dolor crónico no implique necesariamente desarrollar problemas de salud mental.
Dolor crónico y regulación emocional: cuando la emoción y el malestar abruman
(Cecilia Peñacoba Puente y Carlos Suso Ribera)
La regulación emocional hace referencia a las estrategias que usamos para modificar la intensidad, duración y calidad de nuestras respuestas emocionales (22,23). Una de estas estrategias, llamada aceptación o tolerancia al malestar según la escuela de psicoterapia, se basa en asumir el malestar como parte natural de la vida, reconociendo que no hay vida plena sin retos (24). Esta regulación emocional a través de la aceptación permite a las personas afrontar experiencias difíciles de manera más adaptativa (25). Las personas con dolor crónico a menudo se enfrentan a emociones intensas, como ansiedad y frustración. Es fundamental distinguir entre conductas guiadas por valores y aquellas impulsadas por la evitación del dolor. Por ejemplo, evitar actividades por miedo a incrementar el dolor puede ofrecer alivio temporal, pero limitar a largo plazo la calidad de vida y el bienestar emocional (26). La terapia cognitivo-conductual (TCC) y la terapia de aceptación y compromiso han demostrado ser eficaces en la regulación emocional en dolor crónico (21) (Figura 4).
Recomendaciones al profesional sanitario
Se aconseja reconocer la importancia de la regulación emocional. Para mejorar la calidad de vida del paciente, es clave incorporar estrategias como la aceptación y la tolerancia al malestar, y ofrecer herramientas para reducir la rumiación, la evitación y la impulsividad.
Recomendaciones a personas con dolor crónico
Se sugiere reflexionar si las decisiones en momentos de dolor están guiadas por valores o impulsos, y aceptar las emociones incómodas como parte de vivir. Esto puede abrir la puerta a una vida más significativa (27).
Intervenciones psicológicas basadas en estados modificados de conciencia para el manejo del dolor crónico
(Francisco Marques)
El uso de estados modificados de conciencia (EMC) en el tratamiento del dolor crónico incluye técnicas como la hipnosis clínica, la meditación, la imaginación guiada y la respiración controlada (28). Combinados con terapias convencionales como la TCC o la terapia de aceptación y compromiso, entre otras, los EMC alteran la percepción y la respuesta cerebral al dolor, facilitando cambios emocionales y psicológicos y aumentando la eficacia terapéutica (29,30) (Figura 5).
En psicoterapia, los EMC pueden inducirse mediante hipnosis (sin uso de psicodélicos) o en contextos clínicos controlados (31). La hipnosis clínica, en particular, ha mostrado capacidad para reducir la percepción del dolor, actuando sobre áreas cerebrales clave como el córtex cingulado anterior y la corteza prefrontal (32). Esta técnica busca fomentar el autodominio, la autogestión y el alivio del dolor, y puede combinarse con relajación o mindfulness (28).
Ejemplos como el método Wim Hof o el Tummo tibetano ilustran cómo los EMC, mediante respiración y concentración específicas, pueden reforzar el sistema inmunitario y mejorar la autorregulación (33). Estas técnicas no farmacológicas ofrecen alternativas menos invasivas y permiten acceder a recuerdos o traumas que se expresan como dolor físico, facilitando su reestructuración cognitiva y emocional (34).
Recomendaciones al profesional sanitario
Explorar el uso de EMC como complemento a terapias tradicionales. Formarse en hipnosis clínica y técnicas mente-cuerpo puede ampliar recursos terapéuticos y empoderar al paciente.
Recomendaciones a personas con dolor crónico
Valorar estrategias terapéuticas que incluyan hipnosis clínica y prácticas como la meditación o la respiración controlada para modular el dolor. Abrirse a enfoques integrativos puede mejorar el bienestar físico y emocional.
Psicoeducación sobre sensibilización central para pacientes con dolor crónico
(M.ª Magdalena Truyols Taberner y Aida Mairata Pérez)
La psicoeducación en el contexto de la TCC tiene como objetivo ayudar a las personas con dolor crónico a comprender cómo se origina y mantiene el dolor, promoviendo una participación más activa en su tratamiento (17). Se explica el papel del sistema nervioso central en el procesamiento del dolor, destacando que este no siempre refleja un daño físico real, sino que puede ser una respuesta cerebral ante señales percibidas como amenazas, incluso en ausencia de lesión (34).
Se abordan teorías clave como la Teoría de la Compuerta del Dolor, la Neuromatriz del Dolor y la Sensibilización Central. Esta última explica cómo el sistema nervioso central puede volverse más reactivo ante el dolor persistente, amplificando las señales y generando fenómenos como hiperalgesia (mayor sensibilidad al dolor) o alodinia (dolor ante estímulos normalmente no dolorosos) (35).
Comprender estos procesos ayuda a las personas a reducir la catastrofización y el miedo al movimiento. La psicoeducación también promueve una visión integral del dolor, abarcando sus componentes físicos, emocionales y cognitivos, y facilita una intervención multidisciplinar coordinada entre los profesionales de la salud (36) (Figura 6).
Recomendaciones al profesional sanitario
Utilizar materiales visuales y ejemplos prácticos al explicar el dolor. Incluir la psicoeducación en las primeras sesiones puede mejorar la adherencia y reducir creencias erróneas sobre el dolor.
Recomendaciones a personas con dolor crónico
Buscar comprender cómo funciona el dolor. Saber que el dolor no siempre indica daño puede ayudar a afrontar mejor el día a día, retomar actividades y reducir el miedo al movimiento.
Comprender y tratar el dolor regional complejo desde la psicología
(M.ª Magdalena Truyols Taberner y Aída Mairata Pérez)
El síndrome de dolor regional complejo se caracteriza por un dolor persistente y desproporcionado, generalmente tras una lesión, localizado en las zonas distales de las extremidades. El diagnóstico se realiza mediante los criterios de Budapest (37), que evalúan signos como hiperalgesia, alodinia, asimetría térmica, edema y reducción de la movilidad. Se distinguen 2 tipos: tipo I (sin lesión nerviosa) y tipo II (con lesión nerviosa), siendo más frecuente en mujeres mayores de 50 años (38). Aunque su pronóstico puede mejorar con intervención temprana, solo el 20 % recupera completamente su funcionalidad (39).
La atención psicológica es clave, especialmente en casos complejos. Una evaluación adecuada debe explorar factores como ansiedad, miedo al dolor, estrés postraumático y catastrofización, además de su impacto en la vida diaria (40). La psicoeducación al paciente y a su familia sobre el síndrome de dolor regional complejo es esencial para reducir el miedo y mejorar la implicación en el tratamiento.
Las intervenciones eficaces incluyen (41):
- Terapias cognitivo-conductuales (TCC, terapia de aceptación y compromiso, exposición gradual).
- Terapias de reducción del estrés (como mindfulness).
- Abordaje neuropsicológico.
Recomendaciones al profesional sanitario
Identificar precozmente síntomas compatibles con síndrome de dolor regional complejo y derivar a psicología. Incluir siempre la evaluación del impacto emocional. Fomentar un enfoque multidisciplinar desde el inicio.
Recomendaciones a personas con dolor crónico
Buscar información fiable sobre el síndrome de dolor regional complejo, participar activamente en el tratamiento y trabajar en el manejo emocional. Recuperar pequeñas rutinas ayuda a mantener la funcionalidad y mejorar el estado de ánimo.
Ejercicio terapéutico en el abordaje del dolor crónico: el rol de la intervención psicológica
(Mayte Serrat López)
La intervención psicológica en el marco del ejercicio terapéutico combina la educación en neurociencia del dolor y modificación de creencias disfuncionales sobre la actividad física (42). Este enfoque favorece una comprensión más realista del dolor, facilitando una participación activa en programas de ejercicio adaptados (43).
El ejercicio terapéutico consiste en rutinas planificadas y supervisadas, ajustadas a la condición física, intensidad del dolor, comorbilidades y estado emocional del paciente (44). Su objetivo inicial es establecer un umbral basal de actividad seguro, evitando exacerbaciones y fomentando la activación progresiva, siempre desde una adaptación individualizada según la sintomatología, comorbilidades y momento vital de la persona (45).
En contextos de dolor crónico, los programas personalizados de ejercicio promueven una recuperación funcional gradual, reducen la percepción de dolor y refuerzan la autoeficacia. Además, fomentan la autonomía a través de decisiones compartidas con el profesional sanitario (46).
La evidencia científica respalda el ejercicio regular como estrategia eficaz para mejorar la calidad de vida, reducir el dolor y fortalecer la salud mental, aunque sus efectos pueden variar según la situación individual y requieren una adaptación cuidadosa a cada caso (47).
Recomendaciones para profesionales sanitarios
Combinar el ejercicio terapéutico con educación sobre el dolor y un abordaje emocional.
Diseñar programas graduales y personalizados, con metas realistas.
Fomentar una relación colaborativa y basada en la toma de decisiones compartidas.
Identificar y trabajar las creencias disfuncionales que interfieran con la actividad física.
Recomendaciones para personas con dolor crónico
Iniciar el ejercicio de forma gradual, respetando los límites del cuerpo.
Aprender sobre el funcionamiento del dolor ayuda a reducir el miedo al movimiento.
Ser constante: el beneficio del ejercicio es progresivo.
Hablar con tu equipo sanitario para ajustar el plan a tus necesidades.
Promoción del ejercicio físico en pacientes con fibromialgia: intervención basada en TCC y terapia de aceptación y compromiso
(Mayte Serrat López y Cecilia Peñacoba Puente)
En el tratamiento del dolor crónico, como en la fibromialgia, el ejercicio físico es una herramienta clave (43). Sin embargo, su implementación puede verse obstaculizada por factores cognitivos y emocionales como el catastrofismo o la fusión cognitiva (48). Para abordar estas barreras, se propone una intervención combinada de reestructuración cognitiva (TCC) y defusión cognitiva (terapia de aceptación y compromiso). Ambas estrategias han demostrado, en estudios y metanálisis, mejorar la adherencia al ejercicio, reducir el dolor y aumentar la calidad de vida en personas con dolor crónico (21).
El objetivo es modificar pensamientos automáticos negativos y promover una relación más flexible con ellos, sin necesidad de eliminarlos, pero reduciendo su impacto limitante (25). Esta intervención disminuye la ansiedad anticipatoria, fortalece la autoeficacia percibida y favorece una actitud activa ante el ejercicio físico. Además, se complementa con psicoeducación sobre los beneficios del ejercicio a largo plazo y el establecimiento de metas alcanzables y significativas, siempre considerando el momento vital de la persona, sus comorbilidades y la necesidad de adaptar el proceso terapéutico a su realidad individual (13).
Recomendaciones para profesionales sanitarios
Evaluar aspectos biopsicosociales, incluyendo las creencias disfuncionales.
Colaborar con psicólogos especializados en dolor crónico.
Ofrecer psicoeducación estructurada sobre el dolor y el ejercicio.
Ayudar al paciente a identificar objetivos personales y reforzar su motivación intrínseca.
Recomendaciones para personas con dolor crónico
Observar cómo los pensamientos influyen en la experiencia del dolor.
Participar activamente en el manejo psicológico y físico del dolor.
Comprometerse de forma progresiva con el ejercicio, aunque haya malestar inicial.
Sexualidad y dolor: intervención psicoeducativa y TCC en la disfunción sexual asociada a dolor crónico
(Carlos Suso Ribera y Beatriz Lechuga Carrasco)
El dolor asociado a la actividad sexual es común en personas con dolor crónico y tiene un fuerte impacto físico, emocional y relacional (49). Este problema suele mantenerse por factores como creencias disfuncionales sobre la sexualidad, ansiedad anticipatoria, evitación, autoexigencia y catastrofismo (50). Así, la sexualidad puede pasar de ser una fuente de conexión a convertirse en una experiencia generadora de malestar.
Desde la práctica clínica, se recomienda combinar psicoeducación y reestructuración cognitiva para identificar y modificar ideas erróneas sobre el dolor, la intimidad y el rendimiento sexual (51). El objetivo es reducir la carga emocional negativa, promover una vivencia más flexible y realista de la sexualidad y facilitar la comunicación en la pareja. Además, es fundamental tener en cuenta factores emocionales y relacionales, integrando un enfoque biopsicosocial (49).
A pesar de la relevancia del tema, muchos profesionales carecen de formación específica, lo que limita su abordaje adecuado (52). Por ello, se enfatiza la necesidad de un enfoque interdisciplinar que incluya especialistas en salud sexual y dolor (51).
Recomendaciones para profesionales sanitarios
Ofrecer psicoeducación que combata mitos sobre sexualidad y dolor.
Generar un espacio seguro para hablar sobre intimidad.
Fomentar la comunicación sexual y detectar discursos autoexigentes.
Recomendaciones para personas con dolor crónico
Comunicar necesidades y límites a la pareja.
Revisar expectativas rígidas.
Adoptar una actitud compasiva.
Buscar apoyo especializado.
Exploración del dolor crónico en el contexto de género
(Almudena Mateos González y Milena Gobbo Montoya)
Un porcentaje significativo de personas que han sufrido violencia de género desarrollan dolor crónico incapacitante, con una prevalencia estimada entre el 35 % y el 43 % tras la exposición a la violencia (53). A pesar del impacto físico y psicológico, menos del 50 % solicita atención médica. La duración e intensidad del maltrato se relacionan directamente con la gravedad del dolor, existiendo un efecto dosis-respuesta (54). Además, la violencia psicológica puede tener efectos incluso más perjudiciales a largo plazo que la física, aumentando el riesgo de desarrollar depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y sensibilización central (55,56).
La combinación de factores emocionales, cognitivos y físicos requiere una intervención integral e interdisciplinar. Abordar el dolor crónico en este contexto implica considerar no solo el síntoma físico, sino también las secuelas psicológicas y sociales derivadas de la experiencia de violencia (57).
Recomendaciones para profesionales sanitarios
Evaluar sistemáticamente la presencia de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático.
Incluir estos trastornos en el plan terapéutico de forma integrada.
Supervisar la comprensión del diagnóstico y la adherencia al tratamiento.
Detectar procesos cognitivos alterados que interfieren en la recuperación (memoria, atención, distorsiones).
Observar señales de cronificación: conductas de dolor exageradas, aislamiento, desmotivación, desajustes familiares o ganancias secundarias.
Recomendaciones para personas con dolor crónico
Buscar apoyo psicológico especializado.
Participar activamente en el tratamiento físico y emocional.
Recuperar actividades significativas y vínculos sociales.
Reconocer la relación entre el trauma pasado y los síntomas físicos actuales.
El impacto del dolor crónico en las dinámicas familiares: un enfoque sistémico para el tratamiento psicológico.
(Luis Antonio Merayo Alonso)
El enfoque sistémico en el tratamiento del dolor crónico destaca la influencia del contexto relacional, considerando el dolor como un “síntoma relacional” que puede amplificarse y mantenerse por dinámicas familiares disfuncionales (58,59). Patrones como la sobreprotección, la dependencia emocional o una comunicación ineficaz pueden cronificar el sufrimiento y dificultar la recuperación (60). El dolor impacta no solo al paciente, sino también a su entorno cercano, generando sobrecarga emocional y desajustes en los roles familiares (61).
Desde un enfoque integrador, se combinan modelos biopsicosociales y sistémicos que abordan tanto el síntoma físico como las relaciones, emociones y pensamientos asociados (62). Las intervenciones incluyen la reestructuración cognitiva, la regulación emocional y el trabajo con las dinámicas familiares que refuerzan el dolor. Además, se promueve la autonomía del paciente y el ajuste de roles en la familia para favorecer un entorno más funcional (63). Estudios recientes muestran que estos enfoques reducen la ansiedad y la depresión, mejoran las estrategias de afrontamiento y promueven la autonomía (64).
Recomendaciones para profesionales sanitarios
Explorar las dinámicas familiares que puedan mantener el dolor.
Fomentar la alianza terapéutica para trabajar aspectos relacionales.
Integrar técnicas cognitivo-conductuales y sistémicas en el tratamiento.
Derivar, cuando sea necesario, a terapia familiar o de pareja especializada.
Recomendaciones para personas con dolor crónico
Reflexionar sobre el impacto del dolor en la familia y viceversa.
Fomentar la comunicación abierta y el reparto equilibrado de roles.
Participar en intervenciones que incluyan a la familia o pareja.
Buscar apoyo para fortalecer la autonomía emocional y funcional.
La interacción familiar cuando hay dolor: explicar a los niños el dolor de los padres
(Almudena Mateos González y Montserrat Aguirre Dionisio)
El dolor crónico en los padres afecta profundamente la dinámica familiar, alterando la organización del hogar y la relación con los hijos (60,65). La mayoría de los padres con dolor explican a sus hijos por qué no pueden hacer ciertas actividades, aunque esto suele ir acompañado de catastrofismo, preocupación por heredar el dolor y sensación de estar fallando como figuras parentales (60). Estas emociones favorecen la sobreprotección, la evitación emocional y la ocultación de información, lo que dificulta una comunicación abierta y saludable (66). Además, pueden surgir dinámicas disfuncionales, como el “rol de menor cuidador”, en el que los hijos asumen responsabilidades inadecuadas, incluyendo apoyo físico o gestión de medicación (67). Esto conlleva un alto coste emocional: ansiedad, aislamiento, pérdida de tiempo de ocio y dificultades relacionales (68).
Desde la psicología, se destaca la importancia de comunicar el dolor de forma clara y adaptada a la edad del menor, para facilitar su comprensión y participación sin sobrecarga. Es crucial que la familia encuentre un equilibrio funcional que permita afrontar la situación desde la colaboración y el apoyo mutuos (69).
Recomendaciones para profesionales sanitarios
Identificar recursos previos, las necesidades y las expectativas familiares.
Promover la flexibilidad en los roles y tareas del hogar.
Incluir estrategias de regulación emocional en la intervención.
Explorar la presencia de dinámicas disfuncionales, como el rol de menor cuidador.
Recomendaciones para familias con dolor crónico
Explicar el dolor de forma clara y adaptada a los hijos.
Fomentar la expresión emocional y enseñar autocontrol.
Mantener rutinas estables y modelar conductas saludables.
Dedicar tiempo de calidad y crear espacios de conexión afectiva.
Conclusiones generales
Recomendaciones para el abordaje por el profesional sanitario
• Evaluación integral: realizar evaluaciones biopsicosociales que consideren aspectos físicos, emocionales y cognitivos del dolor crónico.
• Psicoeducación: ofrecer información estructurada sobre el dolor crónico, desmontando mitos y promoviendo el ejercicio físico y la regulación emocional.
• Manejo emocional: identificar y abordar pensamientos disfuncionales, reducir la rumiación y fomentar la aceptación del malestar.
• Prevención de cronificación: identificar conductas que perpetúan el dolor, como la inactividad, el aislamiento social y las ganancias secundarias.
• Intervención en casos complejos: supervisar el uso de fármacos y evaluar sistemáticamente trastornos comórbidos como depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático.
Recomendaciones para personas con dolor crónico
• Autocuidado: reflexionar sobre decisiones durante episodios de dolor, evitando actuar solo por impulso.
• Responsabilidad personal: participar activamente en el manejo psicológico del dolor y mantener una mentalidad abierta hacia el cambio.
• Gestión emocional: aceptar las emociones incómodas como parte del proceso de adaptación.
• Expresión abierta: comunicar necesidades, límites y temores a familiares y profesionales de salud.
• Apoyo especializado: buscar orientación profesional para abordar aspectos emocionales que interfieren en la calidad de vida.
Recomendaciones para las familias y redes de apoyo
• Apoyo emocional: ayudar a identificar y expresar emociones, ofreciendo validación y comprensión.
• Refuerzo positivo: fomentar conductas saludables y rutinas que brinden estabilidad emocional.
• Conexión afectiva: dedicar tiempo de calidad y crear espacios de comunicación abierta.
• Flexibilidad: adaptarse a los cambios y reorganizar funciones familiares para reducir la sobrecarga emocional.
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